Cuando hablamos de la muerte no hablamos de la muerte. Porque cuando hablamos de Ella, manejamos información viva. Estamos vivos hablando de una dimensión de experiencia inescrutable. El cerebro no habla de la muerte cuando la invoca. Habla del fin de ciertas cosas, de ciertas alegrías, dichas y felicidades. El cerebro vive en la ilusión profunda de su inmortalidad. No podemos tener miedo a la muerte porque desconocemos la muerte. Tenemos miedo a lo que creemos que es la muerte, y lo que creemos que es la muerte no es la muerte. Esta idea existe en vida y se sostiene en la vida misma. Hablar de la muerte es hablar de ciertas sombras de la vida.
Si supiera lo que es la muerte, probablemente moriría.
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